Cuando hablamos de los requisitos para empezar con el BLW, uno de ellos es que el bebé tenga al menos 6 meses. A pesar de que la recomendación es siempre esperar 6 meses, muchos padres empiezan antes ¿Se equivocan esos padres? ¿Están poniendo en peligro de alguna manera a su bebé? Imaginemos a la humanidad prehistórica. ¿Creéis que las madres tenían un calendario y se esperaban a que los bebés cumpliesen los 6 meses? Lo más probable es que simplemente llegase un día en que los bebés alcanzaban por sí mismos la comida y empezaban a experimentar y en una de esas simplemente tragaban y ahí se podía dar por inaugurada la alimentación complementaria. Seguro que algunos niños hacían eso a los 5 meses y otros a los 7. Nosotros podemos intentar optimizar, claro, y no podemos negar que somos una civilización con calendarios y estudios científicos y estadísticos, pero vale la pena tener presente cuál fue el comportamiento instintivo que mantuvo a la raza humana viva durante centenares de miles de años antes de la invención de los calendarios para no caer en extremismos.

Vamos a ver qué argumentos hay a favor y en contra de esperar a los 6 meses aunque el bebé presente ya los otros requisitos (se mantiene sentado, no extruye y quiere y puede alimentarse a sí mismo).

Argumentos para esperar 6 meses

La recomendación de los 6 meses viene de las directrices de la OMS de dar medio año de lactancia materna exclusiva. Es una recomendación que al método BLW le viene bien porque cuanto mayor es el bebé, más hábil es a la hora de manejar la comida y un bebé que va a empezar con sólidos necesita más habilidad que uno que va a empezar con papillas.

Si el bebé está tomando pecho, alargar el período de lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses tiene un gran valor1 ya que mientras dura, el organismo del bebé disfruta de una situación optimizada y protegida que le facilita enormemente la obtención de nutrientes, le permite ahorrar energía, le proporciona una mayor protección frente a las infecciones no sólo porque no está expuesto a la contaminación por alimentos sino porque el aporte de factores inmunitarios a través de la leche es mayor cuanto mayor es el consumo de ésta. El bebé tendrá toda la vida para comer pero ya nunca más volverá a ser lactante exclusivo, así que no tiene sentido tener prisa.

Una lactancia materna exclusiva de 6 meses ha demostrado ser mejor que una LME más corta ya que mientras dura, el organismo del bebé disfruta de una situación optimizada y protegida que le facilita enormemente la obtención de nutrientes, le permite ahorrar energía, le proporciona una mayor protección frente a las infecciones no sólo porque no está expuesto a la contaminación por alimentos sino porque el aporte de factores inmunitarios a través de la leche es mayor cuanto mayor es el consumo de ésta. El bebé tendrá toda la vida para comer pero ya nunca más volverá a ser lactante exclusivo, así que no tiene sentido tener prisa.

La OMS fue muy clara: «No practicar la lactancia natural, y especialmente la lactancia natural exclusiva durante el primer medio año de vida, representa un factor de riesgo importante a efectos de morbilidad y mortalidad del lactante y del niño pequeño, que se agrava aún más por la alimentación complementaria inadecuada. Las repercusiones duran toda la vida y son, entre otras, los malos resultados escolares, una productividad reducida y las dificultades de desarrollo intelectual y social.«2

Por otro lado, si observamos al desarrollo psicomotor, digestivo, inmunitario y emocional de los bebés, todo nos lleva a pensar que están hechos para empezar a comer por sí mismos sobre los 6 meses de edad. 6 meses es también un momento clave para la realidad hormonal de la madre (es relativamente raro que una madre que da el pecho a demanda y colecha, tenga la regla antes de los 6 meses, pero a partir de ese momento empieza a hacerse más habitual). Si analizamos las necesidades nutricionales del bebé normalmente alimentado (es decir, amamantado), también vemos que no hay ninguna necesidad de otros alimentos antes de los 6 meses.

Como nuestra civilización tiene calendarios y ama profundamente las recomendaciones generales, tiene sentido hacer la recomendación general de esperar a los 6 meses.

Argumentos para no esperar 6 meses

Pero no dejan de ser eso, recomendaciones generales, pensadas para que sean fáciles de entender y aplicar y aporten al conjunto de la población el máximo beneficio con el mínimo riesgo. La OMS ha basado sus recomendaciones tomando con mayor consideración los bebés de países empobrecidos en los que la salubridad y suficiencia de los alimentos no están garantizados. Mientras los bebés son lactantes exclusivos, su madre filtra su agua, apoya sus sistema inmune y garantiza su aporte de nutrientes aunque sea a costa de sus propias reservas. Para esos niños, pasar de la lactancia materna exclusiva a la alimentación complementaria supone un aumento enorme de riesgos. Un bebé de 6 meses tiene más probabilidades de sobrevivir a ese cambio que uno de 4.

¿Qué pasa entonces con los bebés que viven en zonas seguras? La ESPGHAN, por ejemplo, que ha hecho sus recomendaciones basándose en niños europeos que tienen garantizada una seguridad alimentaria básica, considera que 4 meses son suficientes para empezar con la AC.3 ¿Quiere eso decir que es seguro empezar con el BLW a los 4 meses? No, porque las recomendaciones de la ESPGHAN también están hechas pensando sólo en niños que van a comer papillas y sólo tiene en cuenta la madurez renal y digestiva, no psicomotriz. Si un bebé de 4 meses presentase el resto de requisitos, debería ser seguro, pero yo no he visto nunca a un bebé de menos de 5 meses que presente los otros 3 requisitos. En cambio, no es raro que un bebé de 5 meses los cumpla (sobretodo si consideramos la interpretación más laxa de «mantenerse sentado»).

El bebé tiene la capacidad desde que nace de decidir cuándo, cuanto y a qué velocidad y con qué frecuencia necesita tomar pecho. Expresa su necesidad con muecas, movimientos y si hace falta llantos. Indica cuándo quiere cambiar de pecho y cuándo está saciado y a veces eso sucede al cabo de unos minutos y otras al cabo de horas. Cambia sus ingestas y su tiempo y tipo de succión en función de si hace más o menos calor, de si está enfermo o ansioso. Altera sus comportamientos al pecho en momentos definidos de su desarrollo (las llamadas crisis de crecimiento) para modular cantidad y composición química de la leche de su madre. ¿En serio podemos creer que esa personita perfectamente sintonizada con sus necesidades y capaz de satisfacerlas instintivamente va a perder ese buen criterio de repente sobre los 6 meses? Desde luego la mayoría de adultos hemos perdido esa capacidad. Podemos pasarnos décadas comiendo demasiadas grasas saturadas, demasiada sal, demasiado azúcar. No sólo parece que hayamos perdido el instinto necesario para comer lo que nos conviene sino tampoco el raciocinio nos ayuda ya que aunque sepamos racionalmente qué nos conviene, aunque al hacerlo nos encontremos mejor, nos cuesta seguir esas directrices. ¿Qué ha sucedido? ¿Lo perdimos naturalmente en ese momento crucial sobre los 6 meses? Las investigaciones que se han hecho han demostrado que no. Que los niños siguen sabiendo qué les conviene cuando incorporan otros alimentos a su dieta lactante.4 5 6 7 La hipótesis más probable es que precisamente la clase de intervenciones sobre las que previene el método BLW junto con la industrialización de los alimentos hayan actuado como disruptores.

Por todos estos motivos podemos concluir que probablmente no sea más peligroso empezar a los 5 que a los 6 meses siempre y cuando el bebé tenga garantizada la salubridad y suficiencia en los alimentos y llegue a ese hito evolutivo por sí mismo.

Ahora bien, aunque probablemente no sea peligroso, cabe preguntarse ¿Tiene algún interés empezar antes?

En los bebés que no son amamantados, siempre que presenten el resto de requisitos, empezar antes de los 6 meses podría incluso tener alguna ventaja. Por un lado, una lactancia artificial no es tan valiosa como para preservarla a pesar de que el bebé de indicios claros de querer pasar a la siguiente fase. Por otro lado, es posible que empezar antes la AC mejore la tolerancia del bebé a la diversidad de sabores por parte de los bebés no amamantado (los sabores de lo que come la madre se transmiten a la leche y de esta forma los bebés amanantados van flexibilizando su tolerancia a otros sabores).89 10Los bebés que no han sido expuestos a esa variedad a través del pecho de su madre, podrían beneficiarse de una introducción temprana ya que parece que cuanto antes se descubre un sabor, mejor se acepta. Por ejemplo, un estudio encontró que la introducción de vegetales a los 5 meses mejora la aceptación a largo plazo de éstos respecto a la introducción a los 6 meses.11.

En cuanto a los bebés amamantados con salubridad y suficiencia de alimentos, suponemos que es mejor una prolongación forzada de la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, pero todavía no se ha estudiado profundamente.

Mi opinión personal: dejar fluir

Más allá de argumentos sesudos cabe preguntarse cómo empezaban a comer los seres humanos que no sabían de calendarios ni de reflejos ni de desarrollo psicomotriz. Entonces, como ahora, sobre los 3 o 4 meses, los bebés humanos empezaban a meterse en la boca todo lo que pillaban. Como a esas altura tenían activo el reflejo de extrusión, se pasaban semanas haciéndolo sin tragar prácticamente nada. En algún momento, se fijaban en que los adultos se metían cosas en la boca y masticaban y emitían sonidos de placer y empezaban a imitarlos. Al principio, dependerían bastante de que sus cuidadores les ayudasen, así que lo de comer debía empezar como un juego puntual pero pronto lograrían mantenerse sentados ellos solos dejando las manos libres y entonces seguramente su ingesta empezaba a aumentar significativamente. El acceso al pecho no se limitaba de ningún modo así que el paso gradual de meterse cosas en la boca a alimentarse principalmente de comida debía ser un proceso lento y espontáneo.

Esos bebés prehistóricos que empezaron a hacer algo parecido al BLW antes de los 6 meses eran idénticos a los de ahora. Así que tan terrible no debe ser dejar que coman cuando lo pidan, sin obsesionarse con el calendario.

¿Quiero decir con esto que creo que es buena idea no aportar ninguna clase de criterio o límite? ¿Que si un bebé de 3 meses da con un trozo de comida en el suelo debemos dejar que se lo meta en la boca? ¿O que si un niño de 5 meses se hace con una uva debemos dejar que se la coma? ¿Que si lo único que quiere nuestro bebe de 6 meses es chocolate debemos dejar que siga su instinto? Por supuesto que no. En esa vida prehistórica seguro que la mortalidad era mucho mayor, porque esos bebés prehistóricos comían una comida muy diferente a la nuestra (menos intoxicada, pobre en sal y azúcares). Tampoco había tantos alimentos que se deshiciesen con un poco de saliva o tan blandos que pudiesen masticarlos incluso los bebés de pocos meses. No sólo la comida debía ser menos peligrosa sino que la lactancia era más larga. Todo eso hace que hoy en día sea más peligroso dar comida a los bebés antes de estar preparados. Es interesante pensar en cómo era la vida antes de la industrialización, pero no tiene sentido intentar imitar ese estilo de vida porque los retos que enfrentaban los humanos de las cavernas no tienen nada que ver con los que enfrentamos nosotros.

Pero sí que creo que tener en cuenta esto es importante para no tomarse las cosas demasiado a pecho. Si la humanidad ha sobrevivido todo este tiempo, probablemente contamos con un poco de margen.

En la mayoría de casos, el bebé no presentará el resto de requisitos antes de los 6 meses. Respecto a los bebés más precoces, algunas personas se sentirán suficientemente seguras para empezar con el BLW antes de los 6 meses y otras preferirán mentenerse dentro de las directrices generales. Ambas opciones son buenas.

Evidencia científica - Referencias

  1. Kramer MS, Kakuma R. Optimal duration of exclusive breastfeeding. Cochrane Database Syst Rev. 2012 Aug 15;(8):CD003517. doi: 10.1002/14651858.CD003517.pub2.
  2. Estrategia Mundialpara la alimentación del lactante y del niño pequeño – OMS 2003
  3. Complementary Feeding: A Commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition – ESPGHAN 2017
  4. Clara M. Davis, M.D. Results of the self-selection of diets by young children. Can Med Assoc J. 1939 Sep; 41(3): 257–261.
  5. Birch LL y Fisher JA, Appetite and eating behavior in children Pediatr. Clin. North. Am., 1995, 42: 931-953
  6. Birch LL, Johnson SL, Andersen G et ál., The variability of young children’s energy intake, N Eng. J. Med., 1991, 324: 232-235.
  7. Shea, S., Stein, A. D., Basch, C. E. et ál.Variability and Self-regulation of Energy Intake in Young children in their everyday environment. Pediatrics, 1992, 90: 542-546
  8. Julie A. Mennella, Coren P. Jagnow and Gary K. Beauchamp. Prenatal and Postnatal Flavor Learning by Human Infants Pediatrics. 2001 Jun; 107(6): E88.
  9. Sullivan SA, Birch LL. Infant dietary experience and acceptance of solid foods. Pediatrics. 1994 Feb;93(2):271-7.
  10. Mennella JA. Ontogeny of taste preferences: basic biology and implications for health. Am J Clin Nutr. 2014 Mar;99(3):704S-11S. doi: 10.3945/ajcn.113.067694. Epub 2014 Jan 22.
  11. Harris G, Mason S. Are There Sensitive Periods for Food Acceptance in Infancy? Curr Nutr Rep. 2017;6(2):190-196.

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